Nuestra filosofía parte de un primer elemento que se retoma en nuestra primaria “17 de abril de 1869” de lo comunitario, que son los “acuerdos” y se refleja en este decálogo que surge para reconocernos como comunidad escolar. En palabras de la directora María del Carmen Pantitlán: “Surgió para saber quiénes somos y hacia dónde queríamos llegar, surgió del diálogo, de platicar, de decirnos y de reconocernos. Sobre todo reconocernos. Nos dijimos qué puntos buenos tenemos como comunidad, qué puntos hay que fortalecer y que nos han servido para sostenernos.”
El decálogo nace con la escuela, abraza los principios de organización y trabajo docente:
- La asamblea como un espacio de toma de decisiones.
- Ninguno es más importante que otras, otros.
- Todos y todas somos respetuosos entre los miembros de la comunidad.
- Todo nos corresponde por DERECHO, no por favores.
- La participación en procesos electorales será libre, fuera de la escuela.
- Los hijos de una son los hijos y las hijas de todas.
- Nuestra vida en la escuela será libre de chatarra, de basura y de violencia.
- Tendremos como eje la lucha social para lograr los mejores espacios.
- Las diferencias se dialogan, no se vuelven conflictos.
- El nuestro es un proyecto de vida, colectiva, comunitaria.
Nuestro proyecto educativo, se ha cimentado en saberes comunitarios y pedagógicos, los primeros serían la lucha, el arraigo a la tierra y el territorio compartido; y los segundos, las teorías de aprendizaje y psicológicas que permiten a las docentes incidir en la realidad educativa que viven. La escuela no es un espacio aislado, sino un lugar de encuentro que integra la vida cotidiana de la comunidad, en el que los saberes ancestrales se combinan con los conocimientos contemporáneos.
La escuela es una comunidad viva, una comunidad que entreteje palabra, voluntades, acuerdos, desacuerdos y que son capaces de encontrar puntos en común para lograr un bien comunitario. La escuela es de la comunidad para la comunidad.
